Ventilando creencias V

Recuerdo que esto de la “automatización del gobierno del mundo” mediante esas leyes me calmaba un poco ya que en muchas ocasiones tenía la sensación de que Dios de algún modo se cansaría de gestionarlo todo.
Más de una vez tuve la impresión, sobre todo cuando apareció la expresión de lo sexual, que El se transformaba en una especie de vouyer, al que no me interesaba hacer tomar parte en lo más mínimo. Si no pensaba en El, entonces El no pensaría en mí y así no me imaginaba que podría estar espiando. Pero de todas formas El era Bueno y sabía perdonar. Perdonar todo. Ciertamente que antes debías cumplir la penitencia o rezar varias oraciones. Pero no bastaba confesarlas a un sacerdote, el representante oficial de Dios en la Tierra, era preciso arrepentirse, pero cuidado, no arrepentirse así nomás, había que arrepentirse profundamente y con la promesa de no pecar nunca, pero nunca jamás. Tendría que luchar contra la carne y sus apetencias. Contra la masturbación y los pensamientos impuros. Contra la ira, el rencor, la arrogancia, los deseos, la codicia, los siete pecados capitales, los pecados mortales y los veniales. Esto no terminaba ahí. Si no eras fuerte en tu decisión o voluntad de no pecar jamás y sucumbías ante las tentaciones y te comportabas poco más o menos, existía un lugar intermedio que te esperaba, llamado Purgatorio. Algo entre el Cielo y el Infierno pero más tirando al cielo.

continuará…

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