Muerte II

Entonces busquemos ahora dónde hay muerte. Qué muere? Quién muere? Qué diferencias observo entre la vida y la muerte? Si creo ser un cuerpo y este “muere”…qué murió en realidad? Veo que en un cuerpo muerto no hay funciones ni inteligencia cohesiva. Las fuerzas que mantienen “las piezas unidas” ya no actúan. Aquí hay respiración y funciones. Aquí siento latidos, ardor, dolor y amor. Hay experiencias de luz y oscuridad. Asumo la propiedad de un cuerpo, una forma. Eso que anima aquí no lo veo en un ataúd. Surge el recuerdo de un ser querido cuya corporeidad no puedo acariciar y sin embargo vuelve a la vida en un sueño. Aquí hay impulsiones e inclinaciones y preferencias. Yo soy el que ve. Y el que ve aveces se confunde con lo visto. Es tanto el deleite por todas las cosas que las toma como sí mismo. Al fin y al cabo no hay diferencia entre ser un cuerpo, una montaña o una mariposa. Mil formas para la vida sin forma. Hálito en un cuerpo y en los organismos que lo devoran cuando ya no puede mantenerse en ciertas formas. Somos vida sin límites,  limitándonos, mirando a través de miles de ventanas y saludándonos en el otro a nosotros mismos. 

 

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Muerte

Muerte, mi olvidada vieja amiga, ven aquí y siéntate a mi lado. Tengo que pedirte un gran favor: no dejes que te olvide. Es que tu recuerdo me vuelve a la vida. Tu recuerdo me llama a este presente. Tu sombra me ayuda a llenar de luz mis días. Tu fría calma me llama a ver mi tempestad. Tu sobrevuelo me da la perspectiva necesaria. Los problemas, en tu aura se convierten en simples escollos y los desencuentros en la facilidad de olvidar las diferencias. Hoy, amiga, quiero darte las gracias. Que tu recuerdo continúe equilibrando mi camino y traiga liviandad cuando sienta la densidad cubriendo alguna circunstancia. Nada es como antes cuando te tengo presente y puedo darme el tiempo para mirar a los ojos a aquellos que me encuentre y abrazar este momento con simpleza.

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