Poder, asertividad y fortaleza.

Estar tan atento o sensible al entorno, con las antenas emocionales tan expuestas para poder sensar permanente los estados del otro y así saber cómo atraer su atención o modificar mi comportamiento para agradar y caer bien, es una actividad que me salvó la vida, psicológicamente hablando. Pero resulta agotador. Y no tiene nada que ver con lo que es socialmente correcto o aceptable. Está relacionado con un ocultamiento y engaño, hasta con una torsión de nuestra verdadera expresión. Los demás no nos darán todo el tiempo lo que necesitamos. Esas migajas aprobatorias que luego intentaremos reproducir, se asemejan a la paga de una prostituta. Sirven para sobrevivir, pero no dan placer y son una mentira que pesa. Los demás también buscarán su forma de manejar al mundo, las cosas y la gente, las personas. A tí mismo. Ellos también están ensayando formas. Entonces, hoy decido aceptar tu falta de aceptación y tu rechazo. Decido aceptar tus múltiples maneras de subestimarme o sobreestimar mis maneras. Ya no quiero complacerte ni agradarte, buscarte ni manipular tu ego a fin de que me convenga. Quiero tu libertad, porque valoro la mía. Quiero verte sin sesgar lo que estás dando. Ver el show desplegarse ante mis ojos. Por curiosidad. No para aplaudirte. Ni abuchearte. Haz lo que puedas hacer. ¿Puedo expresarme mal o erróneamente sin un libreto que seguir? Absolutamente no. Esto es poder, asertividad y fortaleza.

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Antes del tiempo

Yo soy antes de cualquier pensamiento acerca de quien soy. Soy, en expresión constante y cambiante de mi esencia inmutable. No soy lo que fui, ni lo que seré. No puedo ser en el pasado, ni en el futuro. Antes del inicio del tiempo de la mente yo soy. Para ti seré en un momento tu propia proyección. No hay manera de poder manipular lo que quiero que veas de mi. Seré para ti lo que deba o pueda ser. No puedo ser diferente a mi esencia. Justo antes de los vaivenes del pensamiento, estoy. Soy primero, sin atributos ni nombres. Ésto, sosteniendo las autodefiniciones que se caen a pedazos. Manteniendo, gracias a la memoria, una identidad.

Las cosas como son

Sí permito que las cosas sean como son me volveré tonto, permisivo y una víctima.

Las cosas ya son como son. Lo quiera o no, lo permita o no. Son tal cual son. La única diferencia que puedo hacer esta en creer que deberían ser de otra manera. La realidad no se puede cambiar, porque ya es. Si no es de mi agrado puedo proyectar lo que querría que fuese e intentar tomar acciones que me lleven desde donde están, adónde quiero. Sin embargo eso viene después del hecho. Mientras lo que es, es, lo único en mi poder está en aceptar eso que está sucediendo, no desde la pasividad sino desde la claridad absoluta de que lo que está sucediendo es exactamente lo que está sucediendo! Lo acepto y me rindo ante lo inevitable de lo actual. Inevitable porque ya ha sucedido. El resultado está frente a mis narices. Puedo ir con la imaginación y la memoria hacia pasados y futuros mejores, pero aquí, en lo factual, está lo acontecido y está aconteciendo. Entonces puedo suponer que mi empresa es hacer que lo que está aquí y está mal a mi parecer, sea como yo quiero. Comenzaré a introducir cambios aquí y allá, hasta que esté conforme con los resultados. Eso mejor que quiero conseguir, lo es por varias razones, siendo la principal, el sentido de satisfacción y bienestar. Sin embargo la lucha por la satisfacción y el bienestar me lleva casi siempre a querer modificar lo que está sucediendo. Por qué siempre creer que a lo que está pasando, le falta o sobra algo? El parámetro de lo que está bien o mal para mi, intenta manipular, cambiar la realidad, para que se amolde a ello. El parámetro de lo que está bien o mal, proviene a su vez de las creencias. Las creencias son las que están dictando como el mundo debiera ser. Creencias basadas en mi educación y cultura y que he aceptado sin chistar.

Dejar que las cosas sean como son no es un acto de pasividad o permisivo. Es uno de pura inteligencia. Descanso en las cosas como son, puesto que ya son. Y cualquier cambio que quiera o más bien pueda introducir a partir de eso que está sucediendo, viene acompañado de la certeza que alcanzará su propio y adecuado final. Entonces el estrés no es necesario. La lucha no es necesaria. Y la dirección que tomen los acontecimientos ya no se encontrarán con la barrera de lo que debería estar sucediendo en lugar de la aceptación de lo que está pasando y la confianza de que es con ello con lo que puedo contar siempre.

Mano a mano

Eso que me doy, lo que yo soy capaz de darme, es lo único que obtendré. Nadie puede darme paz, felicidad, bondad, bienestar. Nadie podrá abrir mi corazón a la abundancia, al placer o a la dicha que es permitida surgir. Sin tanto pedir, me quedo en casa. Y es mi deber darme lo que quiero. Y lo que deseo o necesito. Eso es algo poderoso, sensato. Saber y sentir esto con todo el ser, con pleno corazón, es libertad. Yo creí que el otro era la fuente. Y ellos están tratando como yo de conseguir lo mismo. Yo no podré dárselos. No puedo. Nunca podré. Es el trabajo de cada quién. Eso es más libertad. Aquí. Me quedo aquí. Mano a mano, conmigo mismo…

Disponible

Sin el pensamiento, estoy aquí. Haciendo lo que tengo entre manos. El foco cambia. El foco vuelve a su fuente. La energía retorna al momento interno. Hago con esa nueva energía crecer lo que invoco en este ahora. Un nuevo poder surge. Los actos se vuelven actos de poder. Palabras de poder. La fuente del contento surge de ello y no de una súplica silente por ser visto, escuchado o percibido. Me vuelvo necesario para mí, estando disponible.

Tener un plan?

Alguien con planes provisorios. Alguien que sabe que lo que tiene que hacer esta siempre ante los ojos. Alguien que decide que la vida decida. Alguien que acepta que el no aceptar es parte de un programa mental. Testigo. Abierto. Natural. Alguien que observa como la mente, ante la aparición de lo no planificado, se las ingenia para buscar entre sus recursos la respuesta más apropiada, sin interferir…y descansa en ello. Que sabe esperar. Que está en una posición de perspectiva. Alguien que vuela alto, bonito y salvaje. Alguien cuyo norte señala a este momento. Que puede hacer planes mientras espera que la vida le haga correcciones. Porque sabe que cuando quiere forzar la concreción, se hace daño y maltrata a quienes están cerca o son señalados culpables de desviarle y así se siente ajeno y poco bondadoso. Alguien, que siendo nadie, es todas las cosas.

Desde aquí. 

Cada circunstancia o evento que de un modo u otro nos conmueve, sólo hace surgir algo en nosotros. Lo que surge está adentro. No viene de afuera. No está siendo dado desde otro lugar. Ya estaba aquí. Surge y resurge. Como puede alguien causarnos dolor sin que la causa del dolor haya estado ya aquí? Si noto violencia, es aquí donde está la violencia. Si noto gratitud y amabilidad, eso está también aquí. Creo que me dañas, pero cuando aquí sólo hay amor, no hay lugar para nada más. Eso me lleva a lugares saludables, luminosos. Que tengo que ver con tus gritos? Sólo te gritas a ti mismo. Que tengo que ver con tu frustración? Con tus sentimientos? Con lo que te está conmoviendo? La paz amanece con la comprensión del corazón. 

Acciones 

Las acciones surgen, determinadas por un sin fin de eventos, físicos y psicológicos, condicionamientos y automatismos, situaciones únicas, sin precedentes. Son evidenciadas en un instante. Se observa el ir y venir de todo ello y puede en algún punto aparecer el “yo hago”, sin embargo el yo que dice hacer, no hace nada, simplemente porque es parte del acto mismo de la escena en marcha. El hacer, la acción y el acto, no tienen un actor fuera determinandolo, aunque así lo parezca. Cuando una decisión ha sido tomada como el curso de acción natural, es tarde para decir que se hará tal cosa o cual cosa. A lo sumo aparece el “yo” como un adjunto atribuyéndose el acto que se ha llevado a cabo.

Lo ves?

Los acontecimientos suceden. Una vez que el hecho, cómo está hecho, ya pasó, surge un sentido de hacedor que toma la autoría de la acción pasada. Surge inmediatamente después de la percatación y es el intérprete de lo que ha sido observado. Ahora, en la memoria quedará el registro del hecho junto al del intérprete. En este nuevo acontecer sucederá otro tanto y hay sentido de perpetuidad del intérprete, como si fuera real. Es difícil explicar aveces lo observado. Llega un momento en que simplemente te cansas de escuchar sobre chocolates, peras y manzanas. Y sabes que son increíbles y hermosas descripciones llenan tu biblioteca. Tesoros que quieres tener al alcance de la mano para siempre, porque te señalan lo que el corazón intuye. Entonces comienzas a ver. Primero tímidamente, de a ratos, como espasmos. La alternancia del yo, la vida sucediendo, el surgir del sueño. Y esperas. Entonces explota en tus narices el siguiente instante. Ya es tarde. Es vertiginoso. Acaso queda otra opción en lo que ya pasó? La observación natural, la vida conciente, es después tomada por el agente, un algo salido de la nada. Siempre posterior, pasado. No hay tiempo en el instante. El recuerdo que surge también es tomado por el agente y obtiene su sentido de continuidad, tan necesario para el… El estuvo allí. Lo ves?

En todos y en todo

Al estar en una situación cualquiera y sea lo que fuere se esté haciendo, la mente repasa lo que supone viene a continuación. Digo supone porque los eventos se suceden espontáneamente y de manera impredecible. Sin embargo, si se ha planificado algo, este posible evento futuro asoma sus narices a todo color. Y puede notarse que eso produce bienestar o bien incomodidad. “Mañana es sábado”: alegría. “Tengo que hacer esto y aquello la próxima semana”: incomodidad. “Viajo en un mes!”: alegría. El hecho es que, cual una película, los eventos parecen sucederse en la pantalla de la mente y de algún modo un tanto incomprensible, suscita emociones y estados de ánimo. Supuestos, sueños, supuestos sueños. Para la mente “esto que está sucediendo ahora” es demasiado trivial, simple, repetido, ordinario y anodino. Aún en vacaciones sueña su sueño. Sí, estamos dormidos la mayor parte del día. En una especie de trance. Viviendo vidas mentales, en aviones de humo y hamburguesas oníricas que no engordan.

Entonces nos enfocamos en un nuevo proyecto. Una nueva meta. Un nuevo deseo: vivir en el ahora. Como si se tratara de encarar este momento como uno entre el pasado y el futuro. Como si se tratase de forzar el mar rojo cual mitico Moisés, generando una apertura en el flujo del tiempo, como jamón entre dos panes. Y sin embargo, este instante, está suspendido en el no-tiempo. En una verticalidad sin un yo que pueda apropiarse o hacer su aparición. No podemos buscar la eternidad en el tiempo. Lo que sea quiera hallar el buscador, será encontrado en su desaparición, esto es, en este instante que llamamos ahora pero que no está en la línea del tiempo. Por ello, si en algo hay que ahondar y sumergirnos es en esto que ya es. 
El yo siempre llega tarde! Un paso más atrás. Comenta y opina sobre lo que ya no está. Cuenta la historia. Relata un evento. Se adueña del acto. Sin ese relato todo es siempre fresco y nuevo. De repente un sobresalto, quizá resultado del estallido de algún petardo, deja al cuerpo en alerta. Luego surge un “me asusté!”, o bien un “que descuidado, eso no debió pasar”…este yo surgiendo con nombre y sesudas opiniones: es el comienzo de un nuevo sueño. Entonces surge la idea que erradicar este yo es el camino, acallar su voz para que podamos ser finalmente felices y lograr la paz. “Si me esfuerzo lo suficiente lo voy a lograr.”
Cómo podría deshacerse un pensamiento? Puede un pensamiento deshacer otro? Un pensamiento “llega” como una carta llega. Le damos nuestra atención o no. Les creemos o no. Nos agrada o sentimos rechazo. Tomamos un conjunto de ellos y armamos un racimo de conceptos como una ristra y decimos que eso somos. Hay algunos pegadizos y otros más elementales. Algunos creíbles y otros descabellados. Si nos llaman elefante rosa o Tigre naranja nos causará risa. Eso no lo creemos. Si nos dicen estúpido o incapaz o genio, al estar apegados a algunas autodefiniciones, nos ofende, enoja o empodera. Una cosa es ver las nubes en el cielo creyéndonos una y otra es ser el trasfondo real sobre el que nubes y mundos aparecen y desaparecen.
Como puede verse, el asunto no radica en deshacer las nubes, hacerlas más bonitas o más apacibles, sino en verlas por lo que realmente son. Y en ser lo que realmente somos. Ser está siendo. Ahora. El tú que crees ser, no lo puede hacer. Es entonces un descubrir, un des-cubrir, para ser lo que siempre SOY. En todos y en todo. 

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