Mano a mano

Eso que me doy, lo que yo soy capaz de darme, es lo único que obtendré. Nadie puede darme paz, felicidad, bondad, bienestar. Nadie podrá abrir mi corazón a la abundancia, al placer o a la dicha que es permitida surgir. Sin tanto pedir, me quedo en casa. Y es mi deber darme lo que quiero. Y lo que deseo o necesito. Eso es algo poderoso, sensato. Saber y sentir esto con todo el ser, con pleno corazón, es libertad. Yo creí que el otro era la fuente. Y ellos están tratando como yo de conseguir lo mismo. Yo no podré dárselos. No puedo. Nunca podré. Es el trabajo de cada quién. Eso es más libertad. Aquí. Me quedo aquí. Mano a mano, conmigo mismo…

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Disponible

Sin el pensamiento, estoy aquí. Haciendo lo que tengo entre manos. El foco cambia. El foco vuelve a su fuente. La energía retorna al momento interno. Hago con esa nueva energía crecer lo que invoco en este ahora. Un nuevo poder surge. Los actos se vuelven actos de poder. Palabras de poder. La fuente del contento surge de ello y no de una súplica silente por ser visto, escuchado o percibido. Me vuelvo necesario para mí, estando disponible.

Tener un plan?

Alguien con planes provisorios. Alguien que sabe que lo que tiene que hacer esta siempre ante los ojos. Alguien que decide que la vida decida. Alguien que acepta que el no aceptar es parte de un programa mental. Testigo. Abierto. Natural. Alguien que observa como la mente, ante la aparición de lo no planificado, se las ingenia para buscar entre sus recursos la respuesta más apropiada, sin interferir…y descansa en ello. Que sabe esperar. Que está en una posición de perspectiva. Alguien que vuela alto, bonito y salvaje. Alguien cuyo norte señala a este momento. Que puede hacer planes mientras espera que la vida le haga correcciones. Porque sabe que cuando quiere forzar la concreción, se hace daño y maltrata a quienes están cerca o son señalados culpables de desviarle y así se siente ajeno y poco bondadoso. Alguien, que siendo nadie, es todas las cosas.

Desde aquí. 

Cada circunstancia o evento que de un modo u otro nos conmueve, sólo hace surgir algo en nosotros. Lo que surge está adentro. No viene de afuera. No está siendo dado desde otro lugar. Ya estaba aquí. Surge y resurge. Como puede alguien causarnos dolor sin que la causa del dolor haya estado ya aquí? Si noto violencia, es aquí donde está la violencia. Si noto gratitud y amabilidad, eso está también aquí. Creo que me dañas, pero cuando aquí sólo hay amor, no hay lugar para nada más. Eso me lleva a lugares saludables, luminosos. Que tengo que ver con tus gritos? Sólo te gritas a ti mismo. Que tengo que ver con tu frustración? Con tus sentimientos? Con lo que te está conmoviendo? La paz amanece con la comprensión del corazón. 

Acciones 

Las acciones surgen, determinadas por un sin fin de eventos, físicos y psicológicos, condicionamientos y automatismos, situaciones únicas, sin precedentes. Son evidenciadas en un instante. Se observa el ir y venir de todo ello y puede en algún punto aparecer el “yo hago”, sin embargo el yo que dice hacer, no hace nada, simplemente porque es parte del acto mismo de la escena en marcha. El hacer, la acción y el acto, no tienen un actor fuera determinandolo, aunque así lo parezca. Cuando una decisión ha sido tomada como el curso de acción natural, es tarde para decir que se hará tal cosa o cual cosa. A lo sumo aparece el “yo” como un adjunto atribuyéndose el acto que se ha llevado a cabo.

Lo ves?

Los acontecimientos suceden. Una vez que el hecho, cómo está hecho, ya pasó, surge un sentido de hacedor que toma la autoría de la acción pasada. Surge inmediatamente después de la percatación y es el intérprete de lo que ha sido observado. Ahora, en la memoria quedará el registro del hecho junto al del intérprete. En este nuevo acontecer sucederá otro tanto y hay sentido de perpetuidad del intérprete, como si fuera real. Es difícil explicar aveces lo observado. Llega un momento en que simplemente te cansas de escuchar sobre chocolates, peras y manzanas. Y sabes que son increíbles y hermosas descripciones llenan tu biblioteca. Tesoros que quieres tener al alcance de la mano para siempre, porque te señalan lo que el corazón intuye. Entonces comienzas a ver. Primero tímidamente, de a ratos, como espasmos. La alternancia del yo, la vida sucediendo, el surgir del sueño. Y esperas. Entonces explota en tus narices el siguiente instante. Ya es tarde. Es vertiginoso. Acaso queda otra opción en lo que ya pasó? La observación natural, la vida conciente, es después tomada por el agente, un algo salido de la nada. Siempre posterior, pasado. No hay tiempo en el instante. El recuerdo que surge también es tomado por el agente y obtiene su sentido de continuidad, tan necesario para el… El estuvo allí. Lo ves?

En todos y en todo

Al estar en una situación cualquiera y sea lo que fuere se esté haciendo, la mente repasa lo que supone viene a continuación. Digo supone porque los eventos se suceden espontáneamente y de manera impredecible. Sin embargo, si se ha planificado algo, este posible evento futuro asoma sus narices a todo color. Y puede notarse que eso produce bienestar o bien incomodidad. “Mañana es sábado”: alegría. “Tengo que hacer esto y aquello la próxima semana”: incomodidad. “Viajo en un mes!”: alegría. El hecho es que, cual una película, los eventos parecen sucederse en la pantalla de la mente y de algún modo un tanto incomprensible, suscita emociones y estados de ánimo. Supuestos, sueños, supuestos sueños. Para la mente “esto que está sucediendo ahora” es demasiado trivial, simple, repetido, ordinario y anodino. Aún en vacaciones sueña su sueño. Sí, estamos dormidos la mayor parte del día. En una especie de trance. Viviendo vidas mentales, en aviones de humo y hamburguesas oníricas que no engordan.

Entonces nos enfocamos en un nuevo proyecto. Una nueva meta. Un nuevo deseo: vivir en el ahora. Como si se tratara de encarar este momento como uno entre el pasado y el futuro. Como si se tratase de forzar el mar rojo cual mitico Moisés, generando una apertura en el flujo del tiempo, como jamón entre dos panes. Y sin embargo, este instante, está suspendido en el no-tiempo. En una verticalidad sin un yo que pueda apropiarse o hacer su aparición. No podemos buscar la eternidad en el tiempo. Lo que sea quiera hallar el buscador, será encontrado en su desaparición, esto es, en este instante que llamamos ahora pero que no está en la línea del tiempo. Por ello, si en algo hay que ahondar y sumergirnos es en esto que ya es. 
El yo siempre llega tarde! Un paso más atrás. Comenta y opina sobre lo que ya no está. Cuenta la historia. Relata un evento. Se adueña del acto. Sin ese relato todo es siempre fresco y nuevo. De repente un sobresalto, quizá resultado del estallido de algún petardo, deja al cuerpo en alerta. Luego surge un “me asusté!”, o bien un “que descuidado, eso no debió pasar”…este yo surgiendo con nombre y sesudas opiniones: es el comienzo de un nuevo sueño. Entonces surge la idea que erradicar este yo es el camino, acallar su voz para que podamos ser finalmente felices y lograr la paz. “Si me esfuerzo lo suficiente lo voy a lograr.”
Cómo podría deshacerse un pensamiento? Puede un pensamiento deshacer otro? Un pensamiento “llega” como una carta llega. Le damos nuestra atención o no. Les creemos o no. Nos agrada o sentimos rechazo. Tomamos un conjunto de ellos y armamos un racimo de conceptos como una ristra y decimos que eso somos. Hay algunos pegadizos y otros más elementales. Algunos creíbles y otros descabellados. Si nos llaman elefante rosa o Tigre naranja nos causará risa. Eso no lo creemos. Si nos dicen estúpido o incapaz o genio, al estar apegados a algunas autodefiniciones, nos ofende, enoja o empodera. Una cosa es ver las nubes en el cielo creyéndonos una y otra es ser el trasfondo real sobre el que nubes y mundos aparecen y desaparecen.
Como puede verse, el asunto no radica en deshacer las nubes, hacerlas más bonitas o más apacibles, sino en verlas por lo que realmente son. Y en ser lo que realmente somos. Ser está siendo. Ahora. El tú que crees ser, no lo puede hacer. Es entonces un descubrir, un des-cubrir, para ser lo que siempre SOY. En todos y en todo. 

Lo que debe hacerse 

Aquí estoy. Esto hago. Y ahora esto hago. Siempre hay algo que debería ser hecho. Hago esto. Es suficiente. Siempre hago esto y es suficiente. Lo que deba ser hecho por este organismo cuerpo-mente, será hecho. En esto descanso. Observo. Que deberé hacer? Expectante y curioso lo que debo hacer se me revela a cada instante. 

Sostener la fachada

Gastamos mucha energía intentando que los demás nos vean como queremos que lo hagan. Después querremos sostener la fachada haciendo y diciendo cosas que la soporten y callando o evitando hacer cosas que la socaven. Sensando lo que es aceptado de nosotros, reforzándolo. Ahora hay que mantener esas opiniones que creemos generar. Sin embargo, a la larga ellos verán lo que ven, independientemente de todo el esfuerzo que pusimos. Buscamos aprobación. Queremos encajar y que nos amen. Tememos ser rechazados. Nos duele el juicio. Esa fachada debe ser mantenida y al ser tan costosa, cualquier cosa que la haga temblar nos pondrá a la defensiva. Y cuando aparezca quien nos guste nos sentiremos con la duda de quien se enamoraron. Y temeremos la pérdida…Asi siempre se pierde. Quizá no haya que arreglarte. Quizá puede que estés bien. Quizá tu humanidad sea suficiente. Quizá tu libertad comience allí, aquí, en la intimidad de todo y con todo lo que es.

 

Dame cinco. 

1-No soy nada de lo que soy conciente. Soy la conciencia, previa a “la conciencia de”. Soy anterior a cualquier objeto. Conciente de la presencia de objetos y conciencia sin objetos en su ausencia.
2-Yendo “hacia atrás” soy el observador de todo. El interior también es externo a mi. Soy sensibilidad pura y percepción. Soy nada. No puedo localizarme.
3-Soy lo que diferencia lo vivo de lo muerto. La energía vital conciente. Respiro en todo lo que es vivo. Vivo en todo lo que me respira. Soy anterior al nacimiento del cuerpo y soy también después.
4-Soy en este cuerpo un punto de vista. Este cuerpo está en mi, como todo lo demás.
5-Cada sentido está siempre encendido. El ojo siempre está mirando y el oído siempre oye. La atención dirigida hacia lo que está siendo oído se transforma en escucha. Dirigida hacia lo que está siendo mirado se transforma en el ver. La conciencia es anterior a la atención y la contiene. La atención va de punto en punto, uno cada vez en rápida sucesión. Esta secuencia va creando tiempo y asi digo que una cosa sucedió antes que otra. La conciencia sin embargo es global y simultánea.

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