Poder, asertividad y fortaleza.

Estar tan atento o sensible al entorno, con las antenas emocionales tan expuestas para poder sensar permanente los estados del otro y así saber cómo atraer su atención o modificar mi comportamiento para agradar y caer bien, es una actividad que me salvó la vida, psicológicamente hablando. Pero resulta agotador. Y no tiene nada que ver con lo que es socialmente correcto o aceptable. Está relacionado con un ocultamiento y engaño, hasta con una torsión de nuestra verdadera expresión. Los demás no nos darán todo el tiempo lo que necesitamos. Esas migajas aprobatorias que luego intentaremos reproducir, se asemejan a la paga de una prostituta. Sirven para sobrevivir, pero no dan placer y son una mentira que pesa. Los demás también buscarán su forma de manejar al mundo, las cosas y la gente, las personas. A tí mismo. Ellos también están ensayando formas. Entonces, hoy decido aceptar tu falta de aceptación y tu rechazo. Decido aceptar tus múltiples maneras de subestimarme o sobreestimar mis maneras. Ya no quiero complacerte ni agradarte, buscarte ni manipular tu ego a fin de que me convenga. Quiero tu libertad, porque valoro la mía. Quiero verte sin sesgar lo que estás dando. Ver el show desplegarse ante mis ojos. Por curiosidad. No para aplaudirte. Ni abuchearte. Haz lo que puedas hacer. ¿Puedo expresarme mal o erróneamente sin un libreto que seguir? Absolutamente no. Esto es poder, asertividad y fortaleza.

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