Las cosas como son

Sí permito que las cosas sean como son me volveré tonto, permisivo y una víctima.

Las cosas ya son como son. Lo quiera o no, lo permita o no. Son tal cual son. La única diferencia que puedo hacer esta en creer que deberían ser de otra manera. La realidad no se puede cambiar, porque ya es. Si no es de mi agrado puedo proyectar lo que querría que fuese e intentar tomar acciones que me lleven desde donde están, adónde quiero. Sin embargo eso viene después del hecho. Mientras lo que es, es, lo único en mi poder está en aceptar eso que está sucediendo, no desde la pasividad sino desde la claridad absoluta de que lo que está sucediendo es exactamente lo que está sucediendo! Lo acepto y me rindo ante lo inevitable de lo actual. Inevitable porque ya ha sucedido. El resultado está frente a mis narices. Puedo ir con la imaginación y la memoria hacia pasados y futuros mejores, pero aquí, en lo factual, está lo acontecido y está aconteciendo. Entonces puedo suponer que mi empresa es hacer que lo que está aquí y está mal a mi parecer, sea como yo quiero. Comenzaré a introducir cambios aquí y allá, hasta que esté conforme con los resultados. Eso mejor que quiero conseguir, lo es por varias razones, siendo la principal, el sentido de satisfacción y bienestar. Sin embargo la lucha por la satisfacción y el bienestar me lleva casi siempre a querer modificar lo que está sucediendo. Por qué siempre creer que a lo que está pasando, le falta o sobra algo? El parámetro de lo que está bien o mal para mi, intenta manipular, cambiar la realidad, para que se amolde a ello. El parámetro de lo que está bien o mal, proviene a su vez de las creencias. Las creencias son las que están dictando como el mundo debiera ser. Creencias basadas en mi educación y cultura y que he aceptado sin chistar.

Dejar que las cosas sean como son no es un acto de pasividad o permisivo. Es uno de pura inteligencia. Descanso en las cosas como son, puesto que ya son. Y cualquier cambio que quiera o más bien pueda introducir a partir de eso que está sucediendo, viene acompañado de la certeza que alcanzará su propio y adecuado final. Entonces el estrés no es necesario. La lucha no es necesaria. Y la dirección que tomen los acontecimientos ya no se encontrarán con la barrera de lo que debería estar sucediendo en lugar de la aceptación de lo que está pasando y la confianza de que es con ello con lo que puedo contar siempre.

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