Uno

Y voy observando, como si fuera desde adentro hacia afuera, lo que llamo “el mundo”. Imágenes se van presentando. Voy viendo, oliendo, palpando, escuchando, degustándolo. Externo a mi. El mundo y su contenido. Entonces voy otro paso “hacia atrás”. Observo este cuerpo. Sus extensiones, sus sensaciones. Siento el latido dondequiera pose la atención. Puedo sentir el cuerpo desde “adentro”. Puedo ver su capa exterior y sentir su interior. Sigo hacia “adentro”. Observo la presencia de pensamientos “yo”, “mi”, “mío”. Intento agazapado observar su surgimiento y seguirlos hasta su desaparición. Surgen, aparecen, se pierden y surgen otros. Los puedo observar. Creo estar “dentro”, sin embargo están “afuera”. Algunos atraen emociones y otros me conducen a viajes en el tiempo. Yo sigo aquí, “detrás” de todo. Todo está de alguna manera allende a mi. Aquí no encuentro ya el punto de vista. Aquí ya no puedo hallar palabras que describan desde donde estoy viendo. No es un alguien, no es ni tan siquiera un algo. No hay un punto referencial. Es no verbal. Es sin atributos. No puedo localizarme. Por tanto el afuera o lo externo en realidad tampoco es tal. No…hay…nada…aquí…que…no…esté…también…allí. Pasmoso y simple. Extraordinario y totalmente familiar. 

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Películas 

Las creencias se transforman en dogmas por los que luchamos a capa y espada. Vi libros que describen de todo y todo lo pueden probar. Miles de teorías parecen explicar el por qué de cada cosa, hasta que son sustituidas por otras. Esa clase de conocimiento no termina nunca. La creación es infinita. Hay películas para todos los gustos. Por eso estoy interesado en el veedor. En lo que hace posible la creación del mito y de los mundos. En lo que hace posible la manifestación. En lo que mira a través de esos ojos y encuentra lo mismo a través de los míos, derrumbando lo dual. En esto que es vivo, percepción pura como potencialidad para cada cosa. Esto es innegable. Sin teorías que puedan desdibujar este latido. Por eso, investigar, indagar, no saber nada, observar. De dónde surge ese pensamiento y adonde retorna. A quien están contando historias y quien se las cree. Estoy interesado en esto que es presente, un parpadeo sensible. Y si aún quieres o tienes que soñar, créate a sabiendas un bonito sueño. Que descanses.

Piedra libre!

El yo es una ilusión porque parece real pero no lo es. Como un espejismo de agua en el desierto que jamás podrá calmar tu sed. Para qué/quién es una ilusión? Que/quien está siendo “ilusionado”? Como sabes que es una ilusión? Es un tipo de objeto mental, sutil, surgiendo ante la presencia y desapareciendo ante ella. Como en el espejismo, este desaparece a medida que nos aproximamos a el, el yo se desmantela si nos aproximamos en la indagación. Si se busca, no se encuentra. Esa cosa, para ser, necesita de algo más. Entonces debo ser lo real para que la ilusión aparezca. Lo estable, para ver su ocaso y nacimiento. La ilusión es maravillosa, como en un acto de magia, que será real si me lo creo y pierde su encanto cuando el truco es develado. Como en un sueño, la ilusión del pseudo sujeto soñado esta a la par del pseudo mundo imaginado. Detrás hay un solo soñador “prestando” su realidad. El mundo soñado parece muy real y la sangre no es de utilería. Hay alegrías y tristezas, dolor y placer. Esfuerzo y descanso. Discusión y concordia. El yo tiene un pasado ilusorio y un futuro imaginado creando diferentes momentos con los cuales identificarse para darle sustancia, además de aprovechar las sensaciones físicas para tomarlas y hacerlas suyas. Así cree que todo le está pasando a él y cada pensamiento es autoreferencial. Soy una ilusión? Yo? Como puedo ser una ilusión? Este soy yo! Hola hola! Aquí! Yo aquí, tú allí, ellos allá. Yo y el mundo. Cuando vas acercándote para ver que la soga no es una serpiente, ya no hay miedo y la ilusión del yo se hace evidente.

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