Si, pero. 

Las cosas ya son como son. Está sucediendo. Ella ya es como es y ellos ya son quienes son. Pero nada es como tú piensas. Ese es el problema supuesto. Los debería y no debería superimpuestos a la realidad del instante. Con un retoque aquí y allá creemos poder maquillar lo que consideramos imperfecto. Si la mente considerase que todo cuanto es ya es perfecto, se tendría que tomar vacaciones, pero incluso esto, su funcionamiento, es ya como es, impecable. O estoy presente en lo que es, inmediato y vivo, o estoy obnubilado con el sueño del tiempo, masticando, rumiando acerca de cómo fue que ocurrió lo ocurrido o lo que debiera haber ocurrido y no ocurrió. La realidad es liviana, el sueño pesado, pesadilla, agota. Diera la impresión de que siempre estamos un paso por detrás, oliendo la estela de lo palpable, usando la memoria para concatenar hechos inconexos, resultando que vivimos una vida pasada y añeja. Está pasando, sigilosa y siendo lo que es. Crepita una carne en el fuego, una fragancia surcando la inspiración, el viento entre las rendijas, el ruido lejano de un tren… Y el cursor esperando la siguiente aparición de una simple palabra.  

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Ya eres

Ser lo que ya eres es Presencia Consciente. Ser menos de lo que eres es sufrimiento. Ser consciente es presencia. Presente para tu pasado cuando te visita, presente para tus anhelos, presente para cada fracaso y cada tristeza. Presente para la sonrisa, tu voz y tus encantos. Ser lo que ya eres no suma ni resta nada a “tu vida”, es el vivir desnudo de lo que crees ser. Vivacidad cognoscente más allá de cualquier palabra. Todo lo que es.   

Quizá yo

Quizá haya confusión al nombrar como “Yo” aquello que realmente somos. Al decir nuestro Yo real, asumimos que ese Yo es similar a nuestro yo egoico. Se asemeja a cuando hablamos de Dios, lo volvemos automáticamente antropomórfico. Nuestra verdadera naturaleza es ilimitada, presente, abierta y eterna, sin parangón con el que la mente pueda asirla y mantenerla en un estante para ser estudiada y comparada.  

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