No se queman

Resulta que aveces pongo a cocinar algunas cosas en el horno. De improviso siento un dolor ardiente en la mano izquierda. Me quemé otra vez. Ardor que fui calmando con agua fría. El daño ya estaba hecho. Quedó como una herida expuesta. La deje al aire y esperé a que el paso de los días hiciera lo suyo. Después de un mes queda aún una ligera cicatriz. Yo no tuve nada que ver. Esa herida se fue sanando. Si algo puedo hacer es en todo caso interferir el proceso de curación. Yo no participé ni un segundo en la liberación de sustancias de reconstrucción de tejidos. Yo no orquesté el sin fin de eventos que conducen a la cicatrización. Yo no participe en retirar la mano abruptamente del foco de la injuria. Yo no sé hacer lo que muy sabiamente sabe hacer un cuerpo. Homeostasis. Si la identificación es fuerte puedo aceptar como cierto que “me” quemé, o que ya “me” curé. Pero yo no puedo quemarme. Los fantasmas no se queman. 
  

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