Condicionamientos

“…Y te llamarás Juan.” Y ahí empezó Juan. La conciencia desnuda, la vida sin más comenzó a vestirse. Dio inicio la identificación con un cuerpo y un nombre. Si Juan se comportaba como le decían, era bueno, si no lo hacia era rebelde. Juan comenzó su adiestramiento en sociedad. Los condicionamientos, las creencias, los acuerdos con otros y los contratos comenzaron a ser establecidos. Juan también comenzó a medir y juzgar el comportamiento de los otros. Él ahora ya sabía qué estaba bien y que estaba mal. Lo condenable y lo admirable. Cada instante que se presentaba fresco y sin significados, ahora Juan los evaluaba y los categorizaba. Emergió una resistencia a lo que es, basado en todos esos filtros que le decían como las cosas tienen y tendrían que ser. Los sueños en la vida de Juan eran más importantes que la vida contundente. Todo se transformó en el mundo de Juan y Juan en un mundo, reflejo fiel de todo cuanto cree. La libertad de Juan no es factible porque de primera instancia Juan no existe, es una emergencia, una apropiación, un malentendido. Juan es un malentendido. No puede existir independiente de la conciencia porque es la mente identificada. No obstante, la conciencia observa el surgimiento y disolución de toda apariencia. Así, la conciencia tampoco puede llegar a ser libre porque nunca cesó de serlo. Libre, abierta, inmaculada e intacta.

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