Ambición

La ambición material y espiritual no difieren. Ambas provienen de un estado de insatisfacción. Ambas nos esclavizan. Proyectamos que vamos a sentirnos plenos o iluminados con la siguiente adquisición. Y allí vamos persiguiendo la zanahoria. Perseguirla nos mantiene ocupados y en movimiento. Movimiento necesario para mantener el “yo”. Es alucinante leer sobre “Ello”, sobre todo cuando nos aportan señalamientos. Pero si nos quedamos mirando el dedo y no investigamos en ese instante a lo que se está señalando, le estamos errando a la diana. El dedo señala siempre a lo mismo: Esto es Ello.

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