A-traves-andome

Me dijeron, lo aprendí, lo pensé, lo creí. Había supuesto que uno va por la vida, que uno va buscando lo que fuera, que uno va camino a sus metas, a la próxima estación, al próximo evento, que uno se dirige hacia el próximo lugar, destino o circunstancia. Y en un momento, caminando comprendí que yo no iba hacia algo o alguien, sino que la vida, en la forma que fuera, venía hacia mí. Todo aparecía ante mi para presentarse. Eso estaba ocurriendo, eso está ocurriendo, se presenta y yo estoy aquí, inmóvil, observando la próxima apariencia. Esto es, está ocurriendo ahora. Esto es vida sucediendo ahora, aquí, palpable ante mí. No voy a ningún lado, al contrario, todo está llegando. Eso que me encuentra llega antes de cualquier aceptación o rechazo. Pensar en eso ya es tarde. Ya sucedió. Y ésto nuevo entra sin permiso, impredecible y espontáneo, explotando como “ahora”, vida sucediendo…

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Mil voces

Hay miles de voces diciéndonos qué hacer y qué ser. Voces amigas o de perfectos desconocidos. Voces del mundo y del pasado. Ellos parecen saber el cómo, dónde y cuándo. Las personas inseguras y con miedo a flor de piel, las personas que han sido sometidas, aquellas que no saben o no pudieron aprender, están ahí, a la espera de que esas voces las guíen. Y vamos boyando de rio en rio, de opinión en opinión. Nunca podremos contentar toda esa demanda! Habrá una insatisfacción constante y titubeos permanentes. Qué hacer? No lo sé. Pero tal vez sumergirse y escucharse. Conocerse. Conocer qué esperar de nosotros mismos, saber que está en nosotros lo que se necesita, que somos dignos y que nuestra voz tiene valor. Es un camino que requerirá coraje, algo con lo que al comienzo no contamos, un valor que quizá surja del cansancio de sufrir y/o de darnos cuenta que tenemos derecho a equivocarnos, a intentar maneras de hacer las cosas y por sobre todo, el derecho de ser plenos, íntegros y libres para ser quienes somos.

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Portales

Deberás ser precavido, están por todos lados. No son fáciles de ver, pasan inadvertidas. Tendrás que agudizar tu vista, sensibilizar tu olfato, incrementar tu capacidad auditiva, dejar tus sensaciones en carne viva y semejar tu sentido del gusto al de un gourmet. Mucho cuidado con dar un paso en falso. Deberás interpretar las señales del camino. No querrás caer en ellas. Son trampas mortales, caídas vertiginosas hacia arriba. Puede que pienses que a ti no te atraparán. Quizá ni tan siquiera lo sospeches, pero allí están, por todo el derredor, las trampas de Dios. Los cuencos de la Vida. Si, Ello, en su sabiduría escondió sus portales disfrazándolos y camuflándolos de todas las maneras posibles, haciendo así sus trampas efectivas…Entonces sin darte cuenta caes en una de ellas al contemplar una puesta de sol. Y otra aparece en el abrazo del amado. Y otra más allí, cuidado, en el rostro sonriente de un bebé, en esa flor silvestre, en el arrullo del arroyo, en la bendición del contacto con el árbol. Otra más se esconde en el sabor del viento y aquella otra en la lluvia de estrellas fugaces de ese cielo. En el gusto del amor de una comida, allí está, y en la caricia que peina tus cabellos. Sí, son letales, ellas lo aniquilarán, trampas del ego. Como verás, portales dimensionales por doquier, para ojos abiertos. Llegaron, llegarán. Son las únicas trampas suelta-sueños. Estas son las únicas trampas de la vida. Imposibles de superar… no querrías. Déjate caer en ellas, Alicia. El conejo blanco siempre lo supo.

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