Un auto-móvil

Manejaba en mi automóvil cuando de repente me di cuenta de algunas cosas. Yo estaba impulsando el automóvil con cierta tensión. Cada giro, bache o aceleración estaba acompañado de un tironearse interno. Hasta el torso se iba ligeramente hacia adelante cuando quería adelantarme a algún vehículo. Obviamente cuando, a través del darse cuenta, tomar nota o la conciencia del hecho, eso cambia en el instante o dos, se hace evidente que no hace falta toda esa mímica, esa tensión o contorsión para que el automóvil se desplace. De veras. Es ridículamente innecesario. El mecanismo para que responda el automóvil a cada comando, no requiere esfuerzo de mi parte. Sí, claro, hacer un cambio de marcha -la caja no es automática-o pisar el freno o acelerador, requieren que intervenga, pero acelerar con tensión, frenar con una contracción abdominal o un movimiento extra de cualquier parte del cuerpo…bueno, no. El mecanismo que se pone en movimiento es perfecto y no me requiere. No irá más rápido porque me incline hacia adelante, ni frenara más rápido o mejor si me pego al asiento con fuerza. Con esa conciencia en ese instante, todo se relajó. Me convertí en un pasajero. Disfrutando del viaje. Viendo el paisaje. Presente para todo ello. Una danza que se movía al compás de uno u otro estímulo. Un cambio de marcha, apretar el embrague, el deslizar de mis manos. El automóvil manejándose sólo. No había mucho que hacer. Al siguiente momento pude notar que esto mismo aplicaba a lo cotidiano. Yo quería “conducir “ mi vida. Dirigir el rumbo de los acontecimientos y hacerla funcionar torciendo, acelerando o frenando los eventos, sin notar que el “mecanismo “ vital es perfecto. No me requiere en lo más mínimo. Y ciertamente disfrutar del viaje es lo más sabio que puedo hacer. La tensión no es necesaria. Solo entorpece el ritmo natural de las cosas. Andaré paisajes diversos y rutas de todo terreno. La vida responde al cien por cien con integridad. No sé cómo funciona ni como cada parte se conecta a la perfección. Ni hace falta. Puedo trazar una meta y su ruta posible, claro, pero eso tiene un sabor diferente cuando sabes que puedes confiar y entregarte al deleite, expectante de la escena siguiente a lo largo del camino.

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Un oleaje

Y afuera sopla el viento. Mis pies ligeramente fríos. El ruido de la ventana que no se cerró bien. Un ladrido lejano. La respiración arriba-abajo-arriba. Vistazos de cosas alrededor. Una voz, mi voz, respondiendo a una pregunta, o comentando. Y lo siguiente apareciendo en esta simplicidad: hambre, sueño, dolor, alegría, enojo, frustración, orgullo, asombro, temor…Y del misterio del que surgen, a él retornan, dejando apenas un oleaje en la memoria abisal.

Poder, asertividad y fortaleza.

Estar tan atento o sensible al entorno, con las antenas emocionales tan expuestas para poder sensar permanente los estados del otro y así saber cómo atraer su atención o modificar mi comportamiento para agradar y caer bien, es una actividad que me salvó la vida, psicológicamente hablando. Pero resulta agotador. Y no tiene nada que ver con lo que es socialmente correcto o aceptable. Está relacionado con un ocultamiento y engaño, hasta con una torsión de nuestra verdadera expresión. Los demás no nos darán todo el tiempo lo que necesitamos. Esas migajas aprobatorias que luego intentaremos reproducir, se asemejan a la paga de una prostituta. Sirven para sobrevivir, pero no dan placer y son una mentira que pesa. Los demás también buscarán su forma de manejar al mundo, las cosas y la gente, las personas. A tí mismo. Ellos también están ensayando formas. Entonces, hoy decido aceptar tu falta de aceptación y tu rechazo. Decido aceptar tus múltiples maneras de subestimarme o sobreestimar mis maneras. Ya no quiero complacerte ni agradarte, buscarte ni manipular tu ego a fin de que me convenga. Quiero tu libertad, porque valoro la mía. Quiero verte sin sesgar lo que estás dando. Ver el show desplegarse ante mis ojos. Por curiosidad. No para aplaudirte. Ni abuchearte. Haz lo que puedas hacer. ¿Puedo expresarme mal o erróneamente sin un libreto que seguir? Absolutamente no. Esto es poder, asertividad y fortaleza.

Antes del tiempo

Yo soy antes de cualquier pensamiento acerca de quien soy. Soy, en expresión constante y cambiante de mi esencia inmutable. No soy lo que fui, ni lo que seré. No puedo ser en el pasado, ni en el futuro. Antes del inicio del tiempo de la mente yo soy. Para ti seré en un momento tu propia proyección. No hay manera de poder manipular lo que quiero que veas de mi. Seré para ti lo que deba o pueda ser. No puedo ser diferente a mi esencia. Justo antes de los vaivenes del pensamiento, estoy. Soy primero, sin atributos ni nombres. Ésto, sosteniendo las autodefiniciones que se caen a pedazos. Manteniendo, gracias a la memoria, una identidad.

Las cosas como son

Sí permito que las cosas sean como son me volveré tonto, permisivo y una víctima.

Las cosas ya son como son. Lo quiera o no, lo permita o no. Son tal cual son. La única diferencia que puedo hacer esta en creer que deberían ser de otra manera. La realidad no se puede cambiar, porque ya es. Si no es de mi agrado puedo proyectar lo que querría que fuese e intentar tomar acciones que me lleven desde donde están, adónde quiero. Sin embargo eso viene después del hecho. Mientras lo que es, es, lo único en mi poder está en aceptar eso que está sucediendo, no desde la pasividad sino desde la claridad absoluta de que lo que está sucediendo es exactamente lo que está sucediendo! Lo acepto y me rindo ante lo inevitable de lo actual. Inevitable porque ya ha sucedido. El resultado está frente a mis narices. Puedo ir con la imaginación y la memoria hacia pasados y futuros mejores, pero aquí, en lo factual, está lo acontecido y está aconteciendo. Entonces puedo suponer que mi empresa es hacer que lo que está aquí y está mal a mi parecer, sea como yo quiero. Comenzaré a introducir cambios aquí y allá, hasta que esté conforme con los resultados. Eso mejor que quiero conseguir, lo es por varias razones, siendo la principal, el sentido de satisfacción y bienestar. Sin embargo la lucha por la satisfacción y el bienestar me lleva casi siempre a querer modificar lo que está sucediendo. Por qué siempre creer que a lo que está pasando, le falta o sobra algo? El parámetro de lo que está bien o mal para mi, intenta manipular, cambiar la realidad, para que se amolde a ello. El parámetro de lo que está bien o mal, proviene a su vez de las creencias. Las creencias son las que están dictando como el mundo debiera ser. Creencias basadas en mi educación y cultura y que he aceptado sin chistar.

Dejar que las cosas sean como son no es un acto de pasividad o permisivo. Es uno de pura inteligencia. Descanso en las cosas como son, puesto que ya son. Y cualquier cambio que quiera o más bien pueda introducir a partir de eso que está sucediendo, viene acompañado de la certeza que alcanzará su propio y adecuado final. Entonces el estrés no es necesario. La lucha no es necesaria. Y la dirección que tomen los acontecimientos ya no se encontrarán con la barrera de lo que debería estar sucediendo en lugar de la aceptación de lo que está pasando y la confianza de que es con ello con lo que puedo contar siempre.

Mano a mano

Eso que me doy, lo que yo soy capaz de darme, es lo único que obtendré. Nadie puede darme paz, felicidad, bondad, bienestar. Nadie podrá abrir mi corazón a la abundancia, al placer o a la dicha que es permitida surgir. Sin tanto pedir, me quedo en casa. Y es mi deber darme lo que quiero. Y lo que deseo o necesito. Eso es algo poderoso, sensato. Saber y sentir esto con todo el ser, con pleno corazón, es libertad. Yo creí que el otro era la fuente. Y ellos están tratando como yo de conseguir lo mismo. Yo no podré dárselos. No puedo. Nunca podré. Es el trabajo de cada quién. Eso es más libertad. Aquí. Me quedo aquí. Mano a mano, conmigo mismo…

Disponible

Sin el pensamiento, estoy aquí. Haciendo lo que tengo entre manos. El foco cambia. El foco vuelve a su fuente. La energía retorna al momento interno. Hago con esa nueva energía crecer lo que invoco en este ahora. Un nuevo poder surge. Los actos se vuelven actos de poder. Palabras de poder. La fuente del contento surge de ello y no de una súplica silente por ser visto, escuchado o percibido. Me vuelvo necesario para mí, estando disponible.

Tener un plan?

Alguien con planes provisorios. Alguien que sabe que lo que tiene que hacer esta siempre ante los ojos. Alguien que decide que la vida decida. Alguien que acepta que el no aceptar es parte de un programa mental. Testigo. Abierto. Natural. Alguien que observa como la mente, ante la aparición de lo no planificado, se las ingenia para buscar entre sus recursos la respuesta más apropiada, sin interferir…y descansa en ello. Que sabe esperar. Que está en una posición de perspectiva. Alguien que vuela alto, bonito y salvaje. Alguien cuyo norte señala a este momento. Que puede hacer planes mientras espera que la vida le haga correcciones. Porque sabe que cuando quiere forzar la concreción, se hace daño y maltrata a quienes están cerca o son señalados culpables de desviarle y así se siente ajeno y poco bondadoso. Alguien, que siendo nadie, es todas las cosas.

Desde aquí. 

Cada circunstancia o evento que de un modo u otro nos conmueve, sólo hace surgir algo en nosotros. Lo que surge está adentro. No viene de afuera. No está siendo dado desde otro lugar. Ya estaba aquí. Surge y resurge. Como puede alguien causarnos dolor sin que la causa del dolor haya estado ya aquí? Si noto violencia, es aquí donde está la violencia. Si noto gratitud y amabilidad, eso está también aquí. Creo que me dañas, pero cuando aquí sólo hay amor, no hay lugar para nada más. Eso me lleva a lugares saludables, luminosos. Que tengo que ver con tus gritos? Sólo te gritas a ti mismo. Que tengo que ver con tu frustración? Con tus sentimientos? Con lo que te está conmoviendo? La paz amanece con la comprensión del corazón. 

Acciones 

Las acciones surgen, determinadas por un sin fin de eventos, físicos y psicológicos, condicionamientos y automatismos, situaciones únicas, sin precedentes. Son evidenciadas en un instante. Se observa el ir y venir de todo ello y puede en algún punto aparecer el “yo hago”, sin embargo el yo que dice hacer, no hace nada, simplemente porque es parte del acto mismo de la escena en marcha. El hacer, la acción y el acto, no tienen un actor fuera determinandolo, aunque así lo parezca. Cuando una decisión ha sido tomada como el curso de acción natural, es tarde para decir que se hará tal cosa o cual cosa. A lo sumo aparece el “yo” como un adjunto atribuyéndose el acto que se ha llevado a cabo.

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